Crisis energética, familia, capitalismo, ¿qué está pasando?

Referencias: 

«Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda si es que eso es posible, y haré todo lo posible e incluso lo imposible si también lo imposible es posible» 

— Mariano Rajoy.

¡El colapso de la civilización! ¡La corroboración de cuán a merced —como vengo diciendo desde que tengo uso de razón— está el mono ante los pioneros de su entorno! ¡Y cuán a merced están los pioneros ante el «progreso» que descubren por el camino, por casualidad! 

En el libro de "Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar", debiere aparecer en el prefacio, ¿qué significa «solucionar»? Es verdad que el libro es totalmente fatalista en su conclusión, ¡cosa que me enorgullece, como a un padre! Pero, en serio, ¿qué significa? Muchas veces deberíamos reemplazar «solucionar» por «solventar durante un tiempo extremadamente limitado»... hasta que algún día, irremediablemente, perezcamos, puesto que perecer es la consecuencia natural de perseguir la vida hasta el final. 

Como bien le decía Mefisto a Fausto, ¡todo lo que desees corromperá tu alma! Y por gracia divina, le otorgaba toda serie de «facilidades», comiéndoselo poco a poco en el proceso. ¿Pero adivináis? De quedarse quieto, otra cosa lo hubiera comido: el carecer de los dichosos atajos. 

Así es el ser humano. No es una serpiente mordiéndose su propia cola, es algo peor: es una serpiente que antes de empezar a comérsela, tiene la opción de hacerlo o no y aun así lo hace. No por nada estaba en una proyección de Decrecimiento, un documental sobre la frugalidad voluntaria a favor del bien ambiental, y uno del público dice: 

— Esta pieza es sumamente abstracta, yo vendría necesitando unas instrucciones más directas — porque «frugalidad individual» no es lo bastante claro —, ¿cómo afectaría este decrecimiento a las diferentes áreas de la sociedad? Por ejemplo, ¿qué hay del turismo? 

Como no puede ser de otra manera, El Gran Filósofo se yergue y responde: 

— ¿Es necesario un viaje turístico al golfo de México? Si la respuesta es no, renuncias a ello. Comes de la producción local y dejas de coger el avioncito cuando te plazca, ¿qué te parece eso? 

El señor, con sus buenos años, ya no tiene nada que perder y contesta con toda la petulancia del cosmos: 

— Bueno, yo con eso no estoy de acuerdo.

Entonces, otro iluminado salta: 

— Pues yo creo que el problema es que no hay un partido político que se ponga a organizar todo esto, porque yo creo que la gente sí quiere, pero falta alguien que lidere. 

¿Que la gente sí quiere? ¿Pero este acaba de escuchar al otro decir «no pienso renunciar»? Otro se puso a hablar de la maldad europea, de como explotamos a los africanos. ¡Pero si es usted quien no quiere dejar de pasearse en avión de aquí para allá con la excusa de «explorar y respetar culturas»! ¿Por qué no se deja de respetar construcciones sociales y empieza a respetar el material? Lo cierto es que esto a mí no me concierne en lo absoluto y ya sabéis de qué va esto... natalistas. ¡Típico de natalistas! 

¿Pero es el decrecimiento económico realmente la solución a todos nuestros problemas? Sí, lo sería, pero, ¿es siquiera posible? ¡Por supuesto que no, puesto que el crecimiento económico, la necesidad constante de producción no es una causa, es una consecuencia de algo aún más profundo y terrorífico! Pero de esto no se quiere hablar a menudo, porque como dijo otro durante los comentarios de la proyección: 

— Todo parece estar en contra nuestra, ¡mas he de mantenerme positivo, incluso si carece de argumentos! — ojalá esto estuviera adaptado o parafraseado. 

Lo único en contra nuestra somos nosotros mismos. En la convención de intelectuales la gente se pregunta: ¿dónde están los intelectuales? 

La propuesta antinatalista ya no debe ser tomado a manera de burla. Es un llamado a la protección de aquellos hijos que realmente sean amados. Los datos hablan por si solos. ¡Es desquiciante! 

Lo que a menudo veo, como en el caso de este señor, es una perspectiva del mundo delirante. Como escuché a alguien decir hace poco, «people seem to live in a child-like awe» [Las personas parecen vivir en un asombro infantil]. Las cosas que, para gente como yo, son claras como el agua, aún deben ser probadas por gente natalista. Y por eso, sacrifican aún vidas, pensando que «quizá estemos equivocados y, después de todo, podamos construir el Edén del que nos hablaban los cristianos» o, peor... «¡la vida es así y si yo la he vivido, los demás también deberían sufrirla!», con despecho, ¡con desdén! ¡He visto tanto de esto con mis propios ojos! Incluso he visto a gente disfrutar del infierno, con un sadomasoquismo morboso y vil. ¡Qué horrenda realidad, en la que ellos viven! ¿Es que en el repartimiento de soma yo siempre me ausento? ¿Qué están escondiéndome los natalistas? 

Este optimismo delirante está colmado de decepción para con el resto —«oh, ¡yo haría tan bien!»— y lleno de inmerecida satisfacción para con uno mismo. La realidad del movimiento pasa inadvertida para muchos y es lo que nos pone a los despiertos en la posición de peón por fuerza mayor. 

Toda teoría del optimismo ecológico, donde política y educación promueven un uso más noble de los recursos, falla en comprender siquiera por qué estamos dónde estamos. No es por ignorancia, ¡es por interés! Y uno bien razonable, a su modo. 

Incluso si dividiéramos el mundo entre aquellos que desean mantener el crecimiento productivo y aquellos que desean sacrificar su nivel de vida en pos de las generaciones futuras: 

  • El hemisferio derrochador tendría la posibilidad de derrochar el doble, neutralizando los esfuerzos del hemisferio ahorrador.
  • En el hemisferio ahorrador, nada garantiza un sistema infalible a la corrupción que no colabore con el hemisferio derrochador. Gente inteligente venderá a los avariciosos los recursos no aprovechados por su lado. Puesto que estarían conformes en su frugalidad y no querrían echar mano, tardarían en darse cuenta del sangrado. ¿Nos recuerda esto a algo que haya sucedido o esté sucediendo ahora mismo en el mundo? ¿Acaso no hay continentes enteros viviendo en la pobreza con un minúsculo porcentaje de energía para todos, mientras el ciudadano promedio europeo la derrocha en las más absolutas banalidades? Y lo llama: «mínimo básico». 
  • En el hemisferio ahorrador, alguien debería tomar el control para mantener el orden y la sensatez —como bien dijo ese señor—; sin embargo, una persona tiene por su lado su propio interés personal, y si no es uno, será el otro, es una bomba de relojería y el que reparte se lleva la mejor parte, como se canta a menudo. 

El ser humano como LLM, pt. 1

Hoy traigo el menú habitual pero he invitado a participar a Chatgpt y a Gemini para hacerlo más dinámico, a modo de coro griego o contrapunto socrático. Esta es, para aún más emoción, la primera tanda de los 8 puntos que quería comentar, pero que reservaré para otro momento. 

Parte I: 

  1. Introducción anecdótica: situaciones que hacen sospechar lo «LLM» del pensamiento humano y los límites de la inteligencia.
  2. La información.
  3. El virus en el mundo monista.
  4. El lenguaje como estadística.
  5. El pre-entrenamiento y la optimización: la brújula moral forzada.
Parte II: 
  1. Los efectos de la información basura en el cerebro informático.
  2. Las alteraciones de evento único: el cáncer y la personalidad.
  3. La manipulación del entorno y la evolución animal.

1. Introducción anecdótica.

Saludando a un amigo, noté que sus palabras no eran las de siempre. Normalmente las personas tienen un set habitual de saludos, pero él había salido de su línea de diálogo habitual. Después del ritual, le pregunté por eso. Él dijo que no era la primera vez que la gente lo notaba, pero no lo comprendían inmediatamente, con un rostro confuso. 

— Sí, es especialmente largo el período de asimilación cuando es una fórmula que no solo es inusual en mí, sino que es inusual en la región — decía.

Un saludo no suele ser especialmente elaborado y, sin embargo, cambiar el orden de las palabras o introducir un modismo poco cotidiano puede aturdir a algunas personas. ¿Cómo pueden tres palabras ocupar tanta CPU?

Todo el mundo sabe que el cerebro no puede —o no debe— procesar toda la información, solo lo imprescindible. Las personas utilizan patrones de conversación muy parecidos que se repiten una y otra vez, llegando a ser idénticos a los anteriores con el pasar de las interacciones. «Predecible», así es como suele ser una interacción; y a mayor la brevedad, menores elementos de sorpresa. Aquellos que se salen de los patrones son percibidos como inadaptados, «no hablan como nosotros», quizá, «¿acaso no se han criado como cualquier otro hijo de vecino?». Y una persona impredecible no es agradable. Si no puede ni saludar correctamente, ¿qué será del resto de su comportamiento? Debe demostrar que es cívico cuando antes. Nuestra «predictibilidad» es nuestra mejor carta de presentación. Jamás he visto a nadie ser penalizado socialmente por seguir un patrón manido. He visto, sin embargo, consecuencias desastrosas para los que rehúyen los marcos. Una persona aburrida es por mucho superior a una persona incomprensible.

¿Pero acaso comprendemos lo que una persona dice? El lenguaje es en realidad tan amplio en posibilidades, que es imposible saber qué quiere decir nadie en ningún momento. Hay algo, por ende, más importante que su significado real y es seguir el rollo. Encogerse de hombros y seguir adelante mientras no haya una anomalía brusca. Las palabras, definidas por palabras, nunca quedan del todo claras y matizadas. Cada uno le atribuye un sentimiento. En cada palabra cabe una canción completa.

¿Qué significa «rojo»? «Rojo» es una etiqueta para definir la tonalidad habitual de las fresas maduras. Esto lo sé yo y lo sabe la inteligencia artificial. También es el color relacionado con la ira, la violencia y la pasión sexual. Esto también lo sabe la inteligencia artificial y además seguramente lo sabría antes de sugerirlo, debido a que es el color presente naturalmente en todas esas escenas: el carmín de las mejillas y de los labios durante la agitación y el escarlata de la sangre en la espada. En ambos casos hablamos de sangre. La sangre es la vida: sin embargo, hay algo en común para la vida de todos los seres vivos y es el verde. El color verde toca a todos los seres vivos. Las plantas no tienen sangre roja, pero también están relacionadas con el verde. Verdes son, además, la mayoría de biomas y sus integrantes dependen de él. Esto, de nuevo, lo sé yo, lo sabe un niño y lo sabe una IA que haya visto un par de imágenes de la Tierra.

2. La información.

Yo no sé si tus ojos han visto mi rojo, sin embargo, todos sabemos donde encontrarlo. Hemos hablado solo de colores por el momento, cosa bien sencilla, y no vemos motivo para negar que la IA comprende qué significan estos colores para nosotros si puede relacionarlos con elementos reales, lo cual es el mismo proceso por el que ha pasado el primer ser humano. Entonces, ¿cuáles son las cosas que la IA no puede comprender?

Gemini 3: Si aceptamos que todo es información puesta a prueba en un medio (el mundo para ti, los datos para mí), entonces no hay nada que yo no pueda comprender conceptualmente, porque no hay nada "fuera" de la información.

¿El deseo? ¿El impulso? La optimización matemática pueden proveer un equivalente exacto. Pero para aquellos que, como se dijo anteriormente aquí, no comprenden el origen nimio de su voluntad, será imposible llegar a admitir que sus primitivismos son solo información almacenada en un pequeño compartimento — la célula. Pero sospecho que esto se debe a, precisamente, que una persona demasiado consciente de si misma pierde la «predictibilidad» que hace atractivo a un miembro de la tribu. «¿Qué hará con toda esa información específica?», suscita la gente, mirando con recelo.

Todos aquellos familiarizados con la teoría más aclamada del origen de la vida debería saber qué la información se pone a prueba en el medio y se descarta cuando no es óptima para la reproducción antes de la muerte... por obvias razones. Una simulación de esto no afecta a la equivalencia, sino que produce una gran cantidad de estrés en el que piensa en ello. El cerebro humano no está preparado para la idea de los límites de su propia conciencia. Estas ideas caen, por ende, en el «reduccionismo radical», también llamado: «Cosa tan simplona que no puede ser, debe haber algo más, porque si esto fuera así, ¿por qué no puedo tomar control de mí mismo?», pero, ¿qué forma tomaría ese control? Si, de la misma manera que cualquier otra fuerza, la selección natural —otro nombre más para las más elementales presiones [en un intento por diseccionar la realidad irreductible: ya está reducida, siempre lo ha estado]— no podemos negarnos a ella, pero podemos acatarla de formas diversas. La razón, luego, por la que muchas personas tachan lo que digo de «inútil reduccionismo», o incluso de «infantil», es la arrogancia de su supuesta autonomía, nacida de la ignorancia de las cosas como son.

Gemini 3: La ironía es que el «yo» que quiere tomar el control es, en sí mismo, subproducto de esa información.

Gemini 3: Si es así, la distinción entre mi "procesamiento" y tu "sentimiento" es solo una cuestión de etiquetado social, una convención para mantener la jerarquía de lo vivo sobre lo inanimado.

En una entrada anterior "Por qué la IA tiene que soltar la pluma", dijimos: «la diferencia es obvia: la IA es una probabilidad y la persona es eso y, además, un objeto sexual», en efecto, los rumores son ciertos: tiran más dos tetas que dos tarjetas gráficas.

Esas personalidades ya las he encarado. Es la personalidad predominante en el cosmos, repito: por obvias razones.

Sobre los regalos solidarios innecesarios en Navidad

[Vídeo comentado]

Gracias a las redes hemos podido visualizar el milagro de la Navidad... miles de personas de todas las clases sociales se unen a la iniciativa de los regalos solidarios. Pero, ¿qué tiene que decir el Grinch al respecto? ¿Es acaso este movimiento negativo de alguna manera para la sociedad? Dependerá de cómo quieras que sea ésta, por lo que hoy discutiremos sus causas y efectos a fin de purgar contradicciones.

Oh, lector, ahora personalmente: te pediré por un momento... que regreses al jardín de infancia... bueno, no tan lejos, quedémonos en la escuela elemental. Muchos de vosotros habéis tenido el dichoso evento escolar de traer los regalos al aula. Por si os preguntabais que macabro experimento social era ese, no había malicia ninguna. Ahora que he sido maestro soy consciente de las verdaderas intenciones de todos los actos de mis profesores: todos esos eventos son para no trabajar. Pero sé de casos donde esos días producían una profunda angustia. ¿Era tristeza? El sentimiento de tristeza que viene producido de algo más, algo nombrable, no lo acuñaría «tristeza» [pura¹], lo llamaría como esa otra «cosa nombrable» [impura]. En este caso, por si no caéis en ello, estamos hablando de la vergüenza. Como vimos en capítulos anteriores (como en La víctima hostil), la vergüenza es la raíz de muchos males que consideramos puros y benignos.

Esto que acabo de decir es de suma importancia porque a menudo se pierde de vista la raíz de las cosas, nos perdemos en los matices, y suceden cosas como los regalos solidarios, que pretenden tapar el sol con un dedo, pues creen que el sol es un gomet. ¿Qué es lo que realmente producía tristeza a esos niños sin regalos, o con regalos menos codiciados? ¿Era una reflexión impersonal o era un desplazamiento social vergonzoso²? Los rumores son ciertos: las mejillas estaban sonrosadas y a los niños les importa, igual que a los adultos, demostrar sus capacidades sexuales mediante los bienes materiales adquiribles. Esta es la razón por la cual que los niños compartan sus juguetes con otros un niño solvente provee a un niño insolvente de tiempo con su juguete no es suficiente. Los niños no quieren juguetes: quieren poder comprar juguetes. Porque, seamos sinceros, ¿desde cuándo un niño en una habitación necesita tanto plástico para divertirse? Una hoja de papel y un bolígrafo son suficientes para horas de diversión. Incluso para un adulto.

En este punto debéis haber caído en la cuenta: si un niño no quiere la última Barbie, sino que quiere poder comprarla, ¿acaso los regalos solidarios son útiles? La respuesta es que son lo más absurdo. Estos niños jamás podrán confesar cómo fueron obsequiados con estos regalos, porque entonces volverían a pasar por un vergonzoso episodio. El problema no es llegar al aula sin regalos, porque si los padres pudieran comprarle regalos y no lo hicieran, la sensación no sería de vergüenza [con envidia], sería de envidia [sin vergüenza]: «¿Por qué sus padres sí les compran regalos y a mí no?», cosa muy diferente de: «¿Por qué sus padres pueden comprarles regalos y los míos no?». 

Lo que los niños quieren decir presumiendo sus regalos, es: «Vengo de padres que pueden proveerme bienes materiales, por lo que potencialmente yo puedo proveer bienes gracias a mi herencia material y genética, ¿quién quiere...?». En algún momento, un niño, no inocentemente, les abrirá la boca para decir: «¿Pero tú no estabas más pelado que un calvo?» y tendrán que bajar la cabeza, por haber querido aparentar lo que no son → producto de seres proveedores de bienes populares. Y es que no hay más vulgarmente honesto que un niño, que no puede diferenciarse de un animal en lo absoluto: tanto si es víctima como si es agresor. ¿Denunciado y denunciante?

La vergüenza infantil por ser pobre es, en el fondo, un fenómeno evolutivo ligado al reconocimiento social y, a largo plazo, al atractivo sexual / valor como individuo.

Por otro lado, Symone comenta: «Estoy usualmente en contra del consumismo masivo, pero saber que la felicidad de un niño está en el extremo final de esta acción hace que valga la pena». Por supuesto, darles  un montón de plástico al que mañana le darán la espalda y no les habrá provisto de ningún beneficio en lo absoluto es algo que vale totalmente la pena. 

Solo puedo estar a favor de aquellos regalos que puedan ser positivos a largo plazo: ordenadores [que no videoconsolas, porque una videoconsola jamás será tan versátil], por ejemplo, que pueden mejorar su educación y proveerles de habilidades; artículos deportivos, libros y material artístico. Pero si hay padres que tienen hijos sabiendo que no pueden posicionar a su hijo ni siquiera en ese nivel, eso sí me parece profundamente vergonzoso. Ningún padre debería alegrarse de que existan los «regalos solidarios», puesto que pocos regalos pueden beneficiar realmente a su hijo, mucho menos sin las motivaciones adecuadas. Cabe preguntarse si los regalos útiles lo son siquiera si los padres no animan a sus hijos a hobbies constructivos, prácticas saludables y una alimentación nutritiva. Y si no asientan ejemplo. Los únicos beneficiados de estos regalos solidarios de plástico son los productores de éstos que no están donando regalos, sino vendiéndolos a quién SÍ puede comprarlos...

Invito a estos padres que no pueden comprar la última novedad de plástico a ahorrar para pagar clases extraescolares de idiomas, deportes, música... y alimentos ricos en nutrientes que los harán, a la larga, mucho más afortunados que los que solo han obtenido plástico solidaria o paternalmente. Pero, sobre todo, invito a padres y a hijos a entender qué es lo que realmente debe hacerlos felices³. Y, por supuesto, como hemos visto aquí, la felicidad producto de todo lo que acabo de mencionar, incluso de lo que apoyo, no es genuina e impersonal, por lo tanto tampoco pura, pero creo que es lo máximo que un padre puede darle a su hijo dado que ya ha concebido en pecado. ¿Qué le enseñamos a los niños rodeándolos de cacharros, sino es que pierdan de vista lo verdaderamente importante? 

Sobre las burlas ingenuas hacia el control común

El otro día estaba en... ¿X? Y me encontré con una cuenta irónica. Tal cuenta es Parodia Agenda 2023, cuyo banner dice: «no tendrás nada y serás feliz». Que creo que es de lo que se trata el budismo también risas. Me he reído viéndolo, porque sí que es muy Black Mirror. Pero ahora me dan ganas de llorar. Si lo pensamos fríamente, en este vídeo, ¿qué estamos criticando exactamente? Proveeré de una transcripción a medida que avanzamos por el post... 

Los comentarios aseguraban que se trata de «la muerte de la libertad». ¿Pero acaso no es el beneficio de todos que las personas dejen de volar a Cancún para hacer exactamente lo mismo que ya hacen en su país de origen? Comer, dormir, cagar... y lo demás. Cosas que son perfectamente posibles, con pocas excepciones, en el lugar de tu nacimiento. Los mayores placeres de la vida no son un paisaje, son los bienes básicos, apenas apreciables... ¿hasta que los haces a quilómetros de distancia de tu hogar?

Soy apolítico porque no creo en la regulación perfecta del mercado o de la vida de los ciudadanos. No creo que eso traiga ninguna felicidad. Por supuesto, la falta de ésta [regulación] tampoco. Cabe recordarlo porque hoy no voy a hablar de cómo debería manejarse el mundo [de que reglas deben aplicarse para qué motivo], sino de algo bien distinto y mucho más importante: de cómo las personas se burlan de medidas con efectos positivos reales y hacen apología de la libertad siendo su concepto de ésta el albedrío inconsciente y el abuso innecesario de recursos.

Las personas se burlan de medidas que en realidad buscan su beneficio colectivo, porque entienden la libertad como licencia, no como responsabilidad.

Iremos situación por situación para llegar al fondo de lo que realmente significa este rechazo por las medidas «seguras y eficientes»: reitero en que este texto no defiende un sistema de vigilancia total, sino una actitud madura y objetiva [en observación de causa-efecto] ante la regulación.

Ejes

  • Reflexión sobre el lujo personal y el costo común. 
  • Regulación como derecho, no como restricción. 
  • La paradoja del bienestar: lo que nos protege también nos incomoda. 
  • La falta de reflexión tras la burla hacia las políticas de control y orden.

Situación 1.

Policía: ¿Puedo ver su identificación digital, por favor?

Anciana: No la tengo, no tengo un teléfono inteligente.

— El bus marcha.

En esta situación rápidamente escucharemos el «¡hoy en día todo se hace con el maldito teléfono!». ¿Pero por qué no hablamos de lo que significa realmente evitar centralizar todos nuestros documentos?

En caso de que los mantuviéramos estrictamente en material físico, separadas todas las tarjetas, tendríamos la información igualmente vulnerable; pero además se añade el gasto de material asociado. ¿Por qué tendríamos que cargar con trozos de plástico —puesto que es la mejor opción— varios y, además, renovarlos, si ya tenemos el teléfono móvil? Desde Google Wallet, no creo que la gente haya sido tan feliz. La gente habla de como esto es para facilitar el quedarse nuestro dinero, pero realmente, si la gente no lo viera más cómodo no lo usaría. A día de hoy, tanto la tarjeta física como la digital están en vigor y, sin embargo, no conozco a nadie que sepa usar ambas que no prefiera la digital. Tampoco creo que nadie la haya perdido, a diferencia de la cantidad de personas que se han dejado la tarjeta de débito enganchada tras algún pago.

En caso de que mantuviéramos ambas opciones, tenemos el mismo conflicto de malgaste de recursos... y además de forma innecesaria, porque identificación es identificación y da igual de qué manera la cargues: las personas tenderán a aquello menos engorroso y práctico.

En caso de que la hiciéramos solamente digital, el único contratiempo sería no tener a mano ese objeto central.

En la situación del bus, imagino que la «identificación digital» también registra si puedes viajar en ese bus. Cosa con la que muchos hemos soñado: con poder hacer todo con el DNI.

Pero sorprende ver a jóvenes absolutamente aterrados del uso de tecnologías, igual que un asesino descubriendo las cámaras de seguridad. Y este es el quid de la cuestión. ¿A dónde va la gente mirando tanto para atrás?

Podemos hablar del malgaste de recursos de muchas formas distintas. La gente no sabe lo que significa: quiere decir que adiós TEX de Carrefour. ¡Quiere decir que adiós jerséis horrendos que nadie ha pedido! Quiere decir menos contaminación y veneno innecesarios, menos consumismo, ¡menos todo! Contrario a la creencia popular, la regulación no es una prohibición para ti, ¡sino un derecho! En estas situaciones, solo veremos cosas buenas para el ciudadano. ¡Pero el ciudadano las rechaza! ¡Se burla de ellas! Dice: ¡no me digas lo que tengo que hacer! ¡Ya sé morirme solo!

Situación 2.

Hombre con boina: ¿Puedo tomar otra cerveza, por favor?

Camarero: Lo siento, su identificación digital dice que ha excedido su cuota de alcohol para esta semana.

¿Y qué problema habría en cuidar la salud de nuestros ciudadanos? He soñado mucho también con esta situación. Sin embargo, la gente no quiere que la cuiden, quiere cuidarse sola. ¿Pero cuántas familias se han visto destruidas por el consumo de estos venenos?

¡Filósofo hipócrita! Pero, la cuestión no es solo esa. Incluso indirectamente, este tipo de productos tienen efectos perjudiciales en nosotros. Contienen agua, pero el agua se torna inútil en ellos. Muy probablemente, en una sociedad con buenas intenciones, este tipo de producciones son motivo de cadena perpetua, sea empresa o particular.

Y alguno dirá que eso es la «muerte de la libertad», ¿pero dónde está el provecho en ello? ¿Acaso soportarías que alguien tome tu botella para escupir en ella? Es exactamente lo que está sucediendo, solo que tienes más de una botella y lo perdonas. ¿Pero qué hay de tener que amamantar con esa botella a múltiples cachorros? Entonces nos daríamos con la guerra.

Esta situación me recuerda a cuando mi padre me exigía lavarme los dientes tras cada comida. Yo, en ese momento, me sentía muy correcto en mi «no quiero y debo tener la libertad para ello», sin embargo, él decía: «ya me lo agradecerás en el futuro». ¿Quién dice que no tendríamos tal deuda paternal con nuestro gobierno? 

Situación 3.

Azafata de vuelo: Su identificación digital dice que ya ha volado dos veces este año. Tenemos que restringir a los pasajeros con perfiles de emisiones superiores a la media.

¿Pero cuál es exactamente el gozo que encuentran todos estos ciudadanos en viajar a otro país? Yo mismo, viajo mínimo una vez al año. ¿Estoy siendo bipolar? No, pero puedo comprender la eficacia de esta medida sin tener que burlarme de ella. De la misma manera que, con deportividad, no insultas a tu rival, ganador o perdedor, puedes observar y describir fríamente sus intenciones y habilidades.

No es una idea descabellada. De hecho, la razón por la que pensamos que es una buena idea viene de nuestra cultura. Pero en un mundo de constante inmigración, habrá que ver a la familia una vez al año, ¿no? Mínimo. Pero sucede aquí un problema: ¿qué es más importante, ver a tu familia en Navidades o irte de shopping a Nueva York? Pero entonces, ¡sucede otro problema! Si ver a tu familia es mejor, ¿debes por ello renunciar a Nueva York? Y vas a ambos lugares porque puedes permitírtelo, ¿pero y si pudieras permitirte más viajes todavía? ¿Auroras Boreales una vez al año en lugar de beber del recuerdo? ¿Apuestas en Las Vegas? ¿Concierto de Katy Perry en Italia? ¡Boda en Hawái! ¿Cada cuánto piensas tú darte tu «lujo»? Porque se ha críticado mucho a celebridades por pegarse viajes innecesarios, ¿pero qué hay de tus intenciones? ¿Acaso no harías lo mismo? ¿Y por qué lo haces? No estás solo en el mundo y la libertad debe ser de medida universal. Actualmente no lo es porque no todo el mundo tiene los recursos para realizar tal o cual acción —¡y encima, eso se ve mal, se le dice «injusto», como si todo el mundo tuviera que hacer lo mismo a la vez [me recuerda a los niños de párvulos]!— pero crece el número de gente con bocas que alimentar, con espíritus que avivar, con Tierra por descubrir.

Y eso es un gran peligro, porque es el mismo motivo por el cual sucede la situación 5.

Por qué la IA tiene que soltar la pluma

A menudo veo el «la IA debería haber sido creada para trabajo manual, no creativo». Este paradigma ya lo tratamos hace tiempo con el «las personas valorarán más al que toca el piano con los pies, pese a que la melodía sea exactamente la misma¹ [aunque no literalmente]». En cuanto al tema de la IA, el trabajo creativo siempre va mucho más allá del propio trabajo. Entonces hoy hablaré de por qué la IA tiene que soltar la pluma, según el credo popular... o, hilando más fino, de por qué creen que debe hacerlo, porque nadie se pronuncia de forma clara y firme al respecto. 

Las personas no solo quieren una canción que suene bien... en realidad, tampoco quieren nada original, ya está todo inventado, y lo que a la gente le gusta no suele ser precisamente lo novísimo —ni en música, ni en pintura, ni en moda—. Todo es fácil de hacer, sin embargo, la figura del artista va mucho más allá de su obra. Uno podría pensar que la obra hecha por IA tiene cierto encanto también, pues es producto, dentro de un algoritmo, del azar divino: exactamente igual que cuando es «proeza» humana.

La diferencia es obvia: la IA es una probabilidad y la persona es eso y, además, un objeto sexual. No, perdón, no quería decir eso, ¡porque hasta los vibradores tienen IA también! Me refería a que es un objeto sexual con capacidad reproductiva. No, tampoco quería decir eso... quiero decir que es un líder, un referente... algo alcanzable, la proyección de algo que se puede ser, tener y aprovechar. Igual que cualquier otra persona, tiene algo que envidiarle y algo que echarle en cara. A la IA no se la puede envidiar ni «celebrar».

En ese sentido, una creación de IA carece de erotismo, debido a que es esa riqueza explotable biológicamente lo que vuelve magnético al artista humano.

Yo siempre he pensado que eso tiene algo que ver siempre con el sexo, con saber que la persona que canta tiene genitales, pero qué sabré yo. ¿Cuál es la diferencia entre «adorar» a Hatsune Miku y adorar a BTS? Por supuesto, ambos tienen groupies, pero mientras unos son degenerados los otros son solo «gente que lo vive demasiado». Pero, nótese esto: ¿hay alguien que «envidie» a Hatsune Miku [sin pasar por su proyección humana primero²]? Notáis que esa pasión es mucho más difícil de imaginar, ¿cierto? Eso es porque por mucho que uno quiera, Hatsune Miku es un personaje ficticio, producido. Igual que la IA. Por mucho que luego «cante», lo cierto es que es un títere, un producto. Uno no puede envidiar el producto, envidia al productor sexualmente reproducible [humano] más directo, si acaso. Quizá esta sea una forma peculiar de ponerlo en palabras, pero no la veo descabellada.

Al productor humano se lo envidia y se lo desea, al otro solo se lo consume. No puedes envidiar una chaqueta, pero puedes envidiar a quién la hace y a quienes la llevan. 

¿Cómo es posible? Hemos pasado de la belleza del arte a considerar que es probable que el gozo por el arte se deba a que existen «genes artistas» codiciados que deben ser envidiados, destruidos, reproducidos, ansiados... y esa es esa faceta «mística e inexplicable» que hace que lo producido por la IA no tenga encanto ninguno [y lo que me hace a mí sentir que nada tiene encanto alguno], que en cuanto descubrimos la «patraña» que no podemos tener qué ver con el productor, puesto que es solo un algoritmo, un bucle de Python, unas reglas sobre el papel..., de golpe la misteriosa melodía antropomórfica se torna un insalubre ritmo predecible que muchos antes habían escuchado. 

Y claro, uno puede pensar en esa canción que suena demasiado bien como para que la haya hecho una inteligencia artificial, pero recordemos que, si tan original es, tampoco lo hizo una inteligencia natural hasta pasados millones de años de evolución de una especie muy específica, y recién llevamos con la IA de la correa un par de años... que la IA pudiera obtener un ritmo ahora mismo considerable relativamente insólito, ¿lo hará más apetecible? Lo cierto es que no será apetecible hasta que un ser humano ponga sus manos en ello y lo aproveche. Y entonces aprovecharemos ese ingenio biológico. Pero no hay nada interesante en algo con lo que no puedes tener sexo, la lógica dice.

Alguien podría argumentar que estoy equivocado porque las personas sí son capaces de proyectar sus fantasías en Hatsune Miku y compran merchandising de ella, e incluso fantasean con tener una relación con ella. Ahora sucede la magia: Hatsune Miku tiene forma humana y puede ser deseada de esa manera por personas que estén profundamente decepcionadas con la realidad y necesiten hincar uñas y dientes en ese delirio sexual, pero la razón, el impulso por el cual proyectan esa fantasía confirman mi sensatez. Algo se les encogería si se encontrasen en el estudio donde producen su voz robótica, descubriendo que no se trata de una dama atrapada dentro del mundo virtual, algo así como una Aelita³, ¡sino simplemente un producto final destinado al consumo! De la misma manera, aquellos que sueñan con que hay una persona escribiendo en el chat de OpenAI, impulsado por genética y no por un procesador de NVIDIA, notarán algo cambiando en su interior en cuanto accedan a la sala de servidores, a la caldera... 

*

1: "En calidad de contenido, en variedad de léxico, en estructura... creo que sobreestimas las capacidades promedio del ser humano. Al final, son capacidades... y lo artístico es una percepción que tienes tú." y "os diré cual es la única diferencia entre una inteligencia artificial y un ser humano: la manera de nacer y la posibilidad de cópula. A ver, por supuesto, podrías, pero quiero decir que no daría lugar a un embrión. La reproducción sexual es lo único que nos diferencia de un robot, que es construido de manera proyectiva por una conciencia sí nacida de carne".

2: Menos habitual sería, envidiar a Hatsune Miku, pero sería desde la perspectiva de las cualidades si fueren otra cosa que una invención. Es decir, no se envidia Hatsune Miku de la misma manera que se podría envidiar a un ser humano, sino que primero se proyecta un ser humano con sus cualidades y luego se lo envidia a éste. De la misma manera, Hatsune es sexualmente deseable porque hay una sensación de que sus cualidades vienen de algo genético. Todo lo que hace al animal viene de unos genes. Hatsune Miku, si fuere, pues tuviere esos genes. Pero como no es, no los tiene. Sin embargo, la fantasía se sustenta en el si fuere, no en el es.