Sobre el liderazgo

Aquí la pt. 2.

El otro día oía el discurso de un hombre tradicional. Una mujer, a todas luces ingenua, comentó: «¡Desde que mi marido ve tus vídeos, es un hombre mucho mejor!». Le contesté: «si ha tenido que venir un hombre a decirle lo que tiene que ser o no ser, no te respeta y has de desecharlo». 

Es un hombre sin alma, se nota. Con solo esa frase sé que trata a las mujeres como tontas o que solo puede acceder a mujeres con el intelecto en entredicho. Si como mujer tienes la opinión de lo que ha de ser un marido, he de suponer que le has estado expresando estos deseos a tu hombre. Estas súplicas han caído en saco roto hasta que ha venido otro hombre, un hombre fuerte y con el respaldo de miles de personas, a decirle lo mismo que tú. Si jamás lo has expresado, es peor, porque significa que solo puede casarse con una mujer inepta y sin coraje. ¿Qué tiene eso de valioso? Es un simio, porque solo el simio no atendería a razones sino a figuras de autoridad. ¡Ah! ¡Encima es un "marido", con lo cual he de suponer que es un mono de más de veinticinco años! Con una mona, claro. 

¿Qué es un líder? Un líder es un individuo que tiene el apoyo dentro de un grupo, por encima del resto de miembros. Por mucho que el hombre quiera colocar a uno en la posición de líder, es solo cuestión de tiempo que la naturaleza se lo coma. Hay un líder natural en cada grupo... de varones. Lo cierto es que solo un varón puede ser un líder, no por la autoridad titular, sino porque la necesidad así lo ha dictaminado. Así mismo, solo el varón puede ser subordinado a un líder. Entramos en detalle...

¿No habéis notado la diferencia entre una manada de varones y una manada de hembras? Notaréis como las diferencias sociales en un grupo de machos son claras y concisas. Todos conocen las limitaciones dentro del grupo y reconocen al líder. Lo admiran, abierta o secretamente, y se posicionan, lo admitan o no, por debajo de él en todo momento. Es, generalmente, el más fuerte y apuesto, con la inteligencia necesaria para no quedar en ridículo delante del resto del grupo. Es una persona que está por encima de los subordinados, pero que no los rebasa lo suficiente como para despreciarlos y subordinarse al macho líder de otro grupo. 

Os voy a explicar qué sucede en el mundo laboral para que haya desigualdad autoritaria entre varones y hembras. No, no son los hijos únicamente. 

El origen del liderazgo masculino es la guerra, la necesidad de luchar en grupo. Por eso, aunque estemos "alejados" de la "sociedad primitiva", sigue marcando una diferencia superlativa en la comunicación que un individuo sea más alto, más fuerte, más atractivo y más apoyado por otros. Si te subordinas al líder, que es mejor que tú, tienes más posibilidades de sobrevivir en la guerra. 

Esta es la diferencia primordial entre el varón y la hembra en la sociedad: el varón se subordina a otros para ganar la guerra, la hembra no se subordina para sobrevivir en el hogar. El hombre es sincero y agradece ser esclavo de otros hombres, por eso son mano de obra por naturaleza; la mujer acata por obligación y a regañadientes y, en cuanto se le presente la oportunidad, se deshará de su amo. El varón se subordina a la hembra por sexo, la hembra al varón por protección. 

La hembra jamás se subordina a otra hembra. Por eso la amistad femenina tiene mala fama: todas se ven o iguales o superiores a sus congéneres. Y, si lo piensas bien, no hay tanta diferencia entre mujeres porque la inteligencia y el atractivo no tiene grandes desviaciones, cosa que no pasa con los hombres. Lo que sucede ahí es un choque constante de intereses, porque si ninguna se subordina de buena fe a otra, competirán inevitablemente. 

El hombre teme al líder porque cuestionarlo supone perder todo el apoyo bélico, es decir: supone su muerte. El hombre depende físicamente, directamente de otros hombres. La mujer no tiene la presión de la guerra, solo tiene que llevar a cabo sus tareas cotidianas con la mayor seguridad posible: su lucha está en casa, así que se dedica a purgarla. 

En un escenario de oficina donde un varón y una hembra presenten las mismas capacidades, el varón tendrá a su favor el resto de varones, por lo que acabo de explicar. Apoyar al macho les producirá más placer, sin que sepan el por qué, y la hembra quedará desplazada. Otra hembra podría apoyar al macho si desea su favor, dejando de nuevo a la potencial líder desamparada. Si esa hembra no podría jamás recibir la protección de este macho líder, entonces quizá, por despecho, apoyará a la hembra; pero este favor será volátil y desaparecerá si el trato del macho para con ella se ve modificado. Un macho apoyaría a la hembra si ésta es muy atractiva para él; sin embargo, si la potencial líder le da el máximo honor de tener sexo con él, el resto de machos que también la podrían apoyar por sexo, no la apoyarán, porque ha cerrado el trato con otro hombre. Si este macho no consolida una relación, volverá al lado del hombre.

La única manera de que una hembra domine el territorio del varón más capaz en un grupo de varones, es que esta sea astronómicamente excepcional. En cuyo caso el varón más capaz seguramente intente o someterla sexualmente o destruirla. Si la mujer consigue dejarle en ridículo, el resto de varones se sentirá avergonzado de tenerlo como líder: no es digno de someterlos a ellos tampoco. 

La comunicación en lo laboral es crucial, si no es lo eminente, y, si la lleva un varón, será mucho más efectiva para la mayoría de primates. ¿Os parece esto extraño? Si la altura determina por defecto la autoridad de un varón, ¿por qué sería extraño que lo haga su sexo, comparándolo con una hembra? Recordemos que todo es material y que no hay que darle tampoco una importancia excesiva. Tan solo... tan solo echémosle un vistazo a lo que está pasando. Sacaremos más provecho aceptándolo y actuando acorde de manera astuta.

Los hombres se rompen la espalda por otros hombres, se prostituyen tanto como la hembra.

Hay un par de cosas más a tener en cuenta: 

  • Si un varón, en su crianza, observa una desigualdad en cuanto a capacidades a favor de la madre, le costará aceptar la autoridad de otros varones y los cuestionará con más facilidad.
  • Si un varón, en su crianza, observa dicha desigualdad a favor del padre, jamás estará a favor de una mujer sin atractivo sexual. 
  • Si una hembra, en su crianza, observa una desigualdad a favor de la madre, se mostrará más recelosa de las hembras. 
  • Si una hembra, en su crianza, la observa a favor del padre, será más sumisa. 
Durante muchos años, la mujer ha estado en situación de dependencia física con el marido por las restricciones laborales y financieras, lo que ha impactado a la perspectiva de los hijos sobre las capacidades de sus padres y madres. 

El comportamiento de hombres y mujeres ha variado mucho en consecuencia: actitudes antaño comunes ahora son calificadas de aberrantes. La mujer ahora impone sus deseos, racionales e irracionales, oportunos e inoportunos. Si no está conforme con el varón, tampoco necesita su protección... pero como la mujer tampoco es un ser inteligente y superior a su humanidad, está condenado a quedar tan en ridículo como su contraparte, por toda la eternidad. 

Esto es, por supuesto, a groso modo y sin mucho matiz. Pero, eh, así os alejo un poco del discurso tonto de las gentes... y hablamos con lo valedero: el azar y la necesidad.

El psicópata de Jorge

El otro día estaba escuchando a dos señores hablando sobre la psicopatía y, como no, el filósofo tuvo que arquear una ceja. Una vez más, se demuestra que el mono repite por consenso y no piensa antes de hablar.

Se suele decir que el psicópata es una persona despiadada que ve a las personas como medios y no como fines... y la gente no para de repetir la misma bobada en bucle. Nunca he entendido esta afirmación y a medida que siga hablando veréis como vosotros tampoco. El punto viene siendo que los psicópatas no pueden crear conexiones genuinas con los demás, porque son fríos y calculadores, además de crueles y violentos. 

No todos los psicópatas (por no decir todo el rato, individuo que puntúe alto en la escala de psicopatía) actúan igual porque, por supuesto, igual que con todo en esta vida, con el autismo y con la negrura, el humano va por grados. Con lo cual, una persona puede ser serena y altamente psicópata, así como un imbécil puede no tener remordimientos y querer pegarse con todo lo que se le cruza por delante. 

Llevo toda la vida leyendo a presuntos diagnosticados psicópatas en Quora —que en principio fueron a ver a profesionales de la medicina solo porque se sentían ligeramente desplazados o tenían curiosidad porque al ser honestos la gente los trataba extraño—, que responden a las preguntas morbosas de los internautas. La pregunta por excelencia es:

— ¿Puede un psicópata amar? 

La respuesta suele ser algo como:

— No, no entiendo a qué os referís siquiera.

¿Os recuerda a algo? Exacto, os debe recordar a una máquina. Resulta que si a un ser humano le quitas  esa acérrima dependencia social se queda en esto: una persona que no comprende qué es esa bola romántica, porque es algo que no puede entenderse sin el largo recorrido biológico del ser humano. Es un impulso, una necesidad: ¡la esclavitud de la que el hombre no puede escapar porque es presa de Dios! 

El psicópata «padece» un trastorno antisocial. Por eso, el psicópata es vulnerable al resto de flaquezas humanas, la única excepción son los asuntos sociales. La máquina no entiende de ningún asunto: el psicópata tan es incapaz de acceder a la feria del amor. ¿O no? 

¿Qué es «amar»? Uno de estos hombres lo sé infiel y burlesco al respecto. ¿Es él un psicópata? ¿Podríamos decir, aún así, que sabe amar? No, la verdad es que no sabe Amar, pero sí puede sentir atracción y dependencia, y esta especie de amor vulgar —el más común de los amores— es la necesidad de socializar y el apego o cercanía a determinadas personas medianamente compatibles del sexo opuesto. La amistad es lo mismo pero con el mismo sexo. 

Vaya, estoy seguro de que el psicópata puede hacer eso también. Piénsalo como ver una serie: una serie puede ser entretenida, ¿no? Estoy segura de que un psicópata puede reírse con una buena comedia. Esa buena comedia puede ser una persona. ¿Le importaría si se muriera? Sí, porque se quedaría sin ese entretenimiento. Si es una pareja, quizá se quede sin un buen compañero de cama. ¿Te suena esto? Es el mismo concepto de amor y amistad que tienes tú. 

El problema es que el psicópata experimenta una suerte de lucidez de lo que hace en lo social y muchas personas actúan por impulso ciego, inconscientes de sus acciones. Viéndolo así, el psicópata simplemente no va en piloto automático cuando gestiona sus relaciones sociales. Empero, si tienes hambre, da igual si eres un adicto a la comida o no, notarás como tu cuerpo se va debilitando... eso es la pérdida de recursos por abnegación social. Esto de «no ir en piloto automático» tampoco significa que sea más inteligente que los demás, ni que pueda extraer más beneficio; sino que tiene una perspectiva distante que le proporciona herramientas diferentes. Al final, como con todo, hay una manera universal de hacer las cosas por algo. El psicópata «se integra y camufla» porque es la manera de hacer las cosas en sociedad. No, no es que se ponga modo camaleón para burlar a las personas, sino que cooperar en la mayoría de casos es lo más beneficioso para todos. 

Pero, ¿acaso solo el psicópata falla y es de temer? Cuando una persona es infiel a su pareja, la única diferencia entre el psicópata y la persona estándar es la cantidad de lágrimas que se derramarán en ese hogar, pero la falta sigue siendo la misma. 

«Al psicópata la moralidad es un asunto que no podría importarle menos, porque precisamente una de sus definiciones es la de la persona que está fuera de la comunidad moral. La moral de su grupo no repercute en sus acciones: no necesita cumplir con un rol solo porque es lo que se espera de él», visto en Asesinos múltiples de Vicente Garrido. 

A menudo se le da demasiada importancia al dolor en el corazón del traidor... no hay razón para apiadarse de alguien por sus lágrimas: la demostración de arrepentimiento es una adaptación evolutiva para quedarse en la tribu, para convencer al resto de que no lo volverás a hacer. Demuestras dolor y los demás te perdonan. Eso es absurdo. La mayoría de monos cometerán la misma falta una y otra vez pese a que derramen lágrimas porque están programados para faltar de vez en cuando, que supone más beneficio que comportarse rectamente siempre. Se agobian, se estresan, dicen que «han cambiado», se convencen ellos. El psicópata solamente dirá:

— Quise hacerlo y lo hice. Una lástima que se haya destapado todo. 

Al momento de juzgar, los monos dirán que la primera persona [la que llora] ha cometido un pobre error, que todos somos humanos; sin embargo, el psicópata los aterrará. Amigo, han cometido el mismo error, ¿pueden unas lágrimas de cocodrilo hacer tanta diferencia? Sí: porque si hay dolor hay más posibilidades de que te delates tú mismo. ¿Cuántas veces la conciencia os ha hecho confesar alguna fechoría? Os sentís mejor con vosotros mismos después de decirlo y los demás agradecen vuestras lágrimas porque saben que si has sufrido hoy, sufrirás mañana: y si vuelves a cagarla lo sabrán, porque no tienes la capacidad de callar. 

Sobre las mujeres poco modestas

Cuando hablamos de animales, las hembras son esa criatura que necesita atención constante, mientras que el varón es esa criatura que necesita darla.

Un tal Andrew Tate dijo una vez: «la mujer experimenta un placer tan grande cuando la alaban, que es válido compararlo con la infidelidad material de un hombre...», tras una breve pausa, añadió: «quizá sea hasta peor», si mal no recuerdo. 

Mucha gente se llevó las manos a la cabeza, pero yo me llevé una al mentón. Si analizamos esta afirmación cautelosamente nos daremos cuenta de que, si bien no es peor, tampoco es incomparable. 

Es cierto que ante una infidelidad material tenemos riesgos de salud añadidos, sí, pero es preocupante porque una infidelidad material es vista hoy en día como algo negativo, venga del sexo que venga, y, en cambio, la exposición de la carne en redes sociales está permitido. 

Esto viene, como vengo diciendo, de la infantilización de la mujer y de la visión virginal y puritana de ésta. ¿Qué las mujeres buscan el éxito reproductivo tanto como el hombre? Evidente, mas la conducta femenina presenta unas sutiles diferencias. Realizar las equivalencias correctas de las faltas comunes de ambos géneros es importante para dilucidar las problemáticas en las relaciones interpersonales y el estado de la sociedad. 

¿Quiénes son esas mujeres que se desnudan ante miles de espectadores y qué buscan realmente?

*

Los hombres critican a las mujeres por lo mismo que las mujeres critican a los hombres. Esto es así porque de esa manera tanto un bando como el otro limita, dentro de su grupo y fuera de él, las acciones que nos son ventajosas cuando las ejercemos nosotros y nadie más. Así como el robar, si toda la colonia roba, nos jodemos todos, pero si hacemos una ley y son pocos los que roban, éstos pueden hacerse con un bonus. 

Lo mismo sucede con todo lo que tildamos de malo: decimos que esto o aquello es problemático, inmoral, terrible, que debe ser castigado con la horca y, a escondidas, muchos deciden que son los reyes del mundo y que la historia no va con ellos. «No hagas lo que no quieres que te hagan», pero esto es solo una amenaza a la conciencia, en realidad, mientras dicen esto, suelen pensar: «porque me lo harás a mí, y yo soy el único que puede hacerlo», aunque te lo negarán y se lo negarán, porque nadie quiere ser el malo del pueblo, ¡qué carga sobre la espalda!

La mujer obtiene un beneficio superlativo de los hombres que la desean pero que no copulan con ella. Son estos hombres los que ella desprecia, porque no debe tener un hijo con alguien débil, incapaz de fertilizar pero que da todos sus recursos a la primera que pilla; y, sin embargo, los trata bien cuando se baja las bragas para la cámara, les habla bonito e incluso, si es aburrida de cojones, aceptará cenas con múltiples hombres... de esos débiles que desprecia. 

Los hombres hacen lo mismo: extraen un gran beneficio de las mujeres que aflojan con algo de dinero [mejor si con nada], que no suponen un compromiso, que están hoy ahí y mañana no y, sin embargo, muchos dicen odiarlas, porque de no odiarlas estarían invirtiendo en una hembra promiscua que no va a dar hijas majas. 

Oh, ¡es la lucha de hombres y mujeres por el hijo bien portado!

Las putas y los desesperados son, en definitiva, criaturas con bajo prestigio pero necesitadas. Son como los de la planta de reciclaje, los recolectores de deshechos, etcétera. Invisibles cuando se ha de visualizar un ser digno, pero sumamente útiles.

La chica que vi en la estación

El otro día estaba esperando el tren a Barcelona y vi a esta chica. Era absolutamente perfecta de la cabeza a los pies, según podía verse, con el pelo de caramelo y los ojos negros. Era la feminidad en estado puro. 

Sabía su nombre porque la tuve presente desde el día en que la vi por primera vez [tan solo tengo buena memoria y no olvido ninguna cara, pero no me corten el rollo...]. Se llamaba igual que una de mis tristes antiguamente mejores amigas, pero no nos conocíamos las voces ni por un saludo. 

Me quedé con ganas de mirarla un poco más. Estaba ahí, justo ahí, pero por convenciones sociales no puedo acercarme a nadie con intenciones de analizar su cara y su historia [«Hola, buenas, ¿estoy haciendo unas encuestas a gente guapa?»]. No soy ningún envidioso, tampoco me sentía atraído; era, lo que soy, un curioso. 

Iba vestida como a mi me gusta y pensé, relacionándome con el  autor de novela romántica:

» Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida [¡la mujer por definición!], pero, si fuere un hombre enamorado, esto no tendría ningún valor para mí de no encontrarme en uno de estos casos: en el primero, es la chica más dulce y maravillosa, y cumple todas mis fantasías, a todos los niveles, y nos casamos; en el segundo, es la mujer que me destroza y provoca mi suicidio, por motivos totalmente ajenos a su belleza. 

En caso de ser mediocre más allá de su carne, no tendría absolutamente ningún problema en enterrarla lejos... así como sucede cuando adquieres un abrigo que has deseado por mucho tiempo y hace bolas al segundo uso, o cuando te haces con unos hermosos zapatos imposibles de combinar. Para quienes tenemos visión pragmática y no romántica y estúpida, el valor de las cosas reside en cuanto nos pueden dar, no en cuanto podemos darles, en una admiración retorcida que termina por consumir nuestra dignidad.

*

¿No se siente irónico? Una persona atractiva posee facciones, por separado, promedio; sin embargo, el hecho de que aúne tanta armonía, simetría y características tan normales en todos sus elementos lo hace destacar. En resumen: una persona bella posee facciones promedio, pero no es promedio poseer  una gran cantidad de facciones promedio. 

Hace muchos años conocí a dos mujeres. Ambas eran mujeres bellísimas y delgadas. Si hubiere tenido que dar mi opinión, me hubiera decantado por la de los rizos de oro, pero la mayoría prefería a la otra. Rizos de oro poseía una piel de charol y su estructura era robusta pero delicada y esbelta y tenía la nariz finísima y una frente prominente, sí, pero que encajaba a la perfección con sus pómulos y su mentón también destacables. Era, ni más ni menos: una suerte. No hay ningún plan para la belleza, simplemente da la sensación de que la persona está bien porque no hay nada "fuera de lugar". Por eso me sorprende tanto como el caer de la nieve: elevo las cejas, contemplo el panorama, entiendo de donde viene la causa y me giro para seguir con mis propios asuntos, mucho más interesantes que los eventos fortuitos [por supuesto, esto son eventos fortuitos que me conciernen]. 

La persona promedio no tiene ningún problema, pero el cerebro humano está hecho para poner pegas. Como vimos en "Sobre la piel blanca", el cerebro tiende a ver problemas donde no los hay porque, hey, ¿y si los hay? Uno no sabe si esos ojos con inclinación cantal negativa son producto de una infinita tristeza y cansancio o simplemente una característica aleatoria que no afecta en nada a la salud del individuo. Sin embargo, son los ojos rasgados hacia arriba los que priman en el gusto popular; y, os lo digo ya, es únicamente por la sensación de tirantez y el efecto que producen en los pómulos. Recordemos que, de por si, ninguna cosa es bella, requiere de un contexto [es el contexto lo que hace algo bello, así como lo es la muerte de un hombre para el que desea venganza]. 

Aún no he dicho por qué preferían a esta otra muchacha frente a rizos de oro, aunque creo que ya se me va viendo el plumero. Sencillamente, el rostro de la otra era mucho más promedio, más estándar. No tenía nada de destacable. Su piel pálida y mate le ganó a la piel de charol, su pelo lacio y oscuro ganó a rizos de oro, su nariz estándar femenina ganó a una nariz delgada y perfectamente definida y su frente poco prominente ganó al hueso que duraría toda la eternidad. La normalidad ganó el juego. 

Fue una experiencia porque yo nunca hube notado nada en esta chica, sin embargo se ve que todos y todas querían pintarla en un mural. Yo no hubiere dado un penique por el rostro más normal que vi en mi vida, busto del cuerpo más normal que vi en mi vida, ¡y encima con esa actitud tan pobre y esa mentalidad tan escueta! 

Sin duda, el ser humano es aburrido y patético. 

Llevarse cosas a la boca

En una entrada reciente hablé del gusto por comer, por ponerlo suave.

«¿Y esto no es igual acaso con todo lo que comemos? Todo lo que es adorable cabe en nuestra boca. En la boca nos metemos todo lo que nos gusta. Por eso uno debe saber que quien no se mete nada en la boca, ni besa, no ama, y quien ha decidido dejar de comer para siempre, ya no quiere saber nada del mundo». 

A raíz de eso se me antojó buena idea compartir las relaciones que he forjado entre la personalidad de los individuos y sus hábitos sexuales, puesto que es algo muy cercano a cada uno de nosotros y, sin embargo, muchos matices pueden pasar desapercibidos. 

Me veo en la obligación de decir que podría estar equivocado con algo... pero en realidad, no tengo ninguna duda. Todo se sigue de razonamientos completamente lógicos y creo que cada uno de vosotros puede o podrá ratificar mis palabras durante sus experiencias de alcoba. Si no estáis de acuerdo con alguno de mis postulados, espero que me respondáis de la peor manera posible. 

Hoy hablamos, pues, de cómo la conducta sexual refleja fielmente la personalidad del individuo (vaya una redundancia...). 

*

Una hembra que da sexo oral a todos los hombres con los que se acuesta, en el primer caso busca aprobación desesperadamente. Quizá se siente terriblemente mal consigo misma. Seguramente tenga miedo al abandono y haría cualquier cosa para complacer o impresionar a los demás.

En el segundo caso, es una pícara promiscua, olvida rápido sus amores y busca el placer sexual en todo momento. Le aburren las cosas a medias y no tiene problema en cambiar de pareja si un nuevo postre se le presenta. No tiene gran apego emocional y tampoco carga con una jerarquía vital de afectos, pues es autosuficiente.

¿Cómo se distinguen? Muy fácil: la primera está insatisfecha con la mayoría de parejas sexuales, porque no tiene ni orgullo, ni astucia, ni maña. Es el muñeco del primero que pase y solo actúa para contentar y ser aprobada como una concubina pasiva e infeliz. 

Un hombre que da sexo oral a todas las mujeres con las que se acuesta, es enamoradizo y débil o extremadamente valiente; en ambos casos se mantiene el idealismo y lo risueño. 

Un hombre que besa sin problema y con iniciativa el cuerpo de sus parejas sexuales, sin importar la relación que tenga con éstas, es un hombre capaz de amar profundamente y a menudo tiene el corazón tan suelto como la bragueta. Es un soñador y seguramente escribe poesías a sus amores pasados, presentes y futuros en la intimidad. Seguramente actúe ligeramente afeminado, en el buen o en el mal sentido, dependiendo de la fortaleza mental. 

Un hombre que jamás da sexo oral, es un hombre incapaz de enamorarse. Muy probablemente un psicópata o una persona de muy bajos recursos sociales (genuinos). También podría ser un hombre que se deja llevar mucho por la opinión masculina, en cuyo caso variará su actuación dependiendo de cual sea la tendencia sexual del momento (¿es hoy algo viril complacer a la mujer o más bien desdeñarla?).

Un hombre que no encuentra necesario besar a sus parejas sexuales, o incluso le desagrada la idea, es un hombre independiente y que olvida fácilmente a la pareja. Seguramente sea infiel y solo copule con el fin de llegar al orgasmo, como una obligación divina; sin prestar atención a los pequeños detalles o a preliminares de otro tipo. Si se da el caso de que no lo encuentra necesario, excepto en una pareja de cada docena, es un hombre comprometido con sus causas y extremadamente disciplinado, incapaz de compartir con quienes no le han demostrado una fuerte lealtad, con el corazón disponible enteramente para una mujer que respete... mientras el respeto dura. 

Una mujer que no da sexo oral, pero sí accede al coito sin problema, es una mujer controladora y emocionalmente independiente.

Es amanerada y servil. No lo hará por gusto, pero sí lo haría por obligación. Es solicita pero no hace nada desde el corazón. Sus actos y su vida están vacíos. Si solo lo hace por gusto con un hombre, es una mujer modesta y capaz de respetar y admirar profundamente, pero también guarda miedo en su corazón.