Crisis energética, familia, capitalismo, ¿qué está pasando?

Referencias: 

«Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda si es que eso es posible, y haré todo lo posible e incluso lo imposible si también lo imposible es posible» 

— Mariano Rajoy.

¡El colapso de la civilización! ¡La corroboración de cuán a merced —como vengo diciendo desde que tengo uso de razón— está el mono ante los pioneros de su entorno! ¡Y cuán a merced están los pioneros ante el «progreso» que descubren por el camino, por casualidad! 

En el libro de "Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar", debiere aparecer en el prefacio, ¿qué significa «solucionar»? Es verdad que el libro es totalmente fatalista en su conclusión, ¡cosa que me enorgullece, como a un padre! Pero, en serio, ¿qué significa? Muchas veces deberíamos reemplazar «solucionar» por «solventar durante un tiempo extremadamente limitado»... hasta que algún día, irremediablemente, perezcamos, puesto que perecer es la consecuencia natural de perseguir la vida hasta el final. 

Como bien le decía Mefisto a Fausto, ¡todo lo que desees corromperá tu alma! Y por gracia divina, le otorgaba toda serie de «facilidades», comiéndoselo poco a poco en el proceso. ¿Pero adivináis? De quedarse quieto, otra cosa lo hubiera comido: el carecer de los dichosos atajos. 

Así es el ser humano. No es una serpiente mordiéndose su propia cola, es algo peor: es una serpiente que antes de empezar a comérsela, tiene la opción de hacerlo o no y aun así lo hace. No por nada estaba en una proyección de Decrecimiento, un documental sobre la frugalidad voluntaria a favor del bien ambiental, y uno del público dice: 

— Esta pieza es sumamente abstracta, yo vendría necesitando unas instrucciones más directas — porque «frugalidad individual» no es lo bastante claro —, ¿cómo afectaría este decrecimiento a las diferentes áreas de la sociedad? Por ejemplo, ¿qué hay del turismo? 

Como no puede ser de otra manera, El Gran Filósofo se yergue y responde: 

— ¿Es necesario un viaje turístico al golfo de México? Si la respuesta es no, renuncias a ello. Comes de la producción local y dejas de coger el avioncito cuando te plazca, ¿qué te parece eso? 

El señor, con sus buenos años, ya no tiene nada que perder y contesta con toda la petulancia del cosmos: 

— Bueno, yo con eso no estoy de acuerdo.

Entonces, otro iluminado salta: 

— Pues yo creo que el problema es que no hay un partido político que se ponga a organizar todo esto, porque yo creo que la gente sí quiere, pero falta alguien que lidere. 

¿Que la gente sí quiere? ¿Pero este acaba de escuchar al otro decir «no pienso renunciar»? Otro se puso a hablar de la maldad europea, de como explotamos a los africanos. ¡Pero si es usted quien no quiere dejar de pasearse en avión de aquí para allá con la excusa de «explorar y respetar culturas»! ¿Por qué no se deja de respetar construcciones sociales y empieza a respetar el material? Lo cierto es que esto a mí no me concierne en lo absoluto y ya sabéis de qué va esto... natalistas. ¡Típico de natalistas! 

¿Pero es el decrecimiento económico realmente la solución a todos nuestros problemas? Sí, lo sería, pero, ¿es siquiera posible? ¡Por supuesto que no, puesto que el crecimiento económico, la necesidad constante de producción no es una causa, es una consecuencia de algo aún más profundo y terrorífico! Pero de esto no se quiere hablar a menudo, porque como dijo otro durante los comentarios de la proyección: 

— Todo parece estar en contra nuestra, ¡mas he de mantenerme positivo, incluso si carece de argumentos! — ojalá esto estuviera adaptado o parafraseado. 

Lo único en contra nuestra somos nosotros mismos. En la convención de intelectuales la gente se pregunta: ¿dónde están los intelectuales? 

La propuesta antinatalista ya no debe ser tomado a manera de burla. Es un llamado a la protección de aquellos hijos que realmente sean amados. Los datos hablan por si solos. ¡Es desquiciante! 

Lo que a menudo veo, como en el caso de este señor, es una perspectiva del mundo delirante. Como escuché a alguien decir hace poco, «people seem to live in a child-like awe» [Las personas parecen vivir en un asombro infantil]. Las cosas que, para gente como yo, son claras como el agua, aún deben ser probadas por gente natalista. Y por eso, sacrifican aún vidas, pensando que «quizá estemos equivocados y, después de todo, podamos construir el Edén del que nos hablaban los cristianos» o, peor... «¡la vida es así y si yo la he vivido, los demás también deberían sufrirla!», con despecho, ¡con desdén! ¡He visto tanto de esto con mis propios ojos! Incluso he visto a gente disfrutar del infierno, con un sadomasoquismo morboso y vil. ¡Qué horrenda realidad, en la que ellos viven! ¿Es que en el repartimiento de soma yo siempre me ausento? ¿Qué están escondiéndome los natalistas? 

Este optimismo delirante está colmado de decepción para con el resto —«oh, ¡yo haría tan bien!»— y lleno de inmerecida satisfacción para con uno mismo. La realidad del movimiento pasa inadvertida para muchos y es lo que nos pone a los despiertos en la posición de peón por fuerza mayor. 

Toda teoría del optimismo ecológico, donde política y educación promueven un uso más noble de los recursos, falla en comprender siquiera por qué estamos dónde estamos. No es por ignorancia, ¡es por interés! Y uno bien razonable, a su modo. 

Incluso si dividiéramos el mundo entre aquellos que desean mantener el crecimiento productivo y aquellos que desean sacrificar su nivel de vida en pos de las generaciones futuras: 

  • El hemisferio derrochador tendría la posibilidad de derrochar el doble, neutralizando los esfuerzos del hemisferio ahorrador.
  • En el hemisferio ahorrador, nada garantiza un sistema infalible a la corrupción que no colabore con el hemisferio derrochador. Gente inteligente venderá a los avariciosos los recursos no aprovechados por su lado. Puesto que estarían conformes en su frugalidad y no querrían echar mano, tardarían en darse cuenta del sangrado. ¿Nos recuerda esto a algo que haya sucedido o esté sucediendo ahora mismo en el mundo? ¿Acaso no hay continentes enteros viviendo en la pobreza con un minúsculo porcentaje de energía para todos, mientras el ciudadano promedio europeo la derrocha en las más absolutas banalidades? Y lo llama: «mínimo básico». 
  • En el hemisferio ahorrador, alguien debería tomar el control para mantener el orden y la sensatez —como bien dijo ese señor—; sin embargo, una persona tiene por su lado su propio interés personal, y si no es uno, será el otro, es una bomba de relojería y el que reparte se lleva la mejor parte, como se canta a menudo. 

Un líder tiene una familia a la que hacerle un favor y eso es honorable, pero también es corrupto de cierta forma. 

Como dijo un sabio amigo recientemente: «las ideas son algo vivo que si tú no acatas, a otra mente irán». Y esto sirve para todo tipo de ideas, no solo ideas de emprendimiento. Si existe la posibilidad de hacer algo, ¡hazlo cuanto antes! Puesto que es inevitable que otra persona ceda en algún momento. Es el preciso motivo por el cual en primer lugar se dio la bomba atómica, por el anciano que dijo en el rastrillo: 

— Yo también robaría si fuera político porque, ¡si no lo hago yo, lo hará mi compañero! 

Y así es como una mariposa —un anciano chocho—, provoca un huracán en el otro lado del mundo —que Pedro Sánchez y compañía sean como son—. 

El problema no está en el sistema económico, el problema está en la sola existencia de sistema. Todo sistema está sujeto a sus propias características de imperfección. 

El ser humano no ha cambiado su actitud debido al sistema: el ser humano se ha demostrado en el sistema. Y no solo el ser humano. Cualquier otro ser vivo tiene como objetivo último la acumulación de energía y materia, como trayectoria general —es decir, que la excepción de una minoría es solo lo que confirma la regla—. 

«El decrecimiento económico es un proceso individual», ¡no!, es solo una masturbación moral. ¿Por qué el crecimiento no es un proceso individual entonces? Lo cierto es que con que solo una persona malgaste los recursos, es suficiente para socavar el esfuerzo de miles de personas. No malgastarlo tú supone que otros tantos podrán malgastar lo tuyo —abaratas el coste de ello—. Estamos haciendo lo siguiente:

En un aula escolar, ponemos 30 rotuladores en una caja. Hay 10 niños. Recomendamos que, por favor, solo tomen 1. Imaginemos que sobran 20 rotuladores. Nadie puede castigar ni golpear al niño que pretende tomar los 20 restantes para sí, porque, ¿con qué derecho divino? ¿Quiénes nos creemos para negarle el uso de ellos? Ese niño quizá fuere un gran artista, ¿no lo estamos justificando aún? Rápidamente podrían todos estar de acuerdo en que el niño artístico lo merece, igual que hacemos constantemente proveyendo de riquezas a quien creemos que debe tenerlas, a costa de nuestros intereses más íntimos —sería peor para mí pensar que lo hacen ustedes porque es un interés íntimo...—. Nada nos garantiza que se haga el Bien, ¡pero así es como es el ser humano de entregado ! Oh, en lo que hemos estado hablando... los organizadores se han llevado los 20 rotuladores restantes. El que reparte...

Educación recta y adoctrinamiento son totalmente indistinguibles —las cosas pueden salir muy mal, muy rápido—, porque el conocimiento crudo no sirve de nada, debe ser dirigido, controlado. Es ahí donde la buena voluntad se convierte en dictadura, en manipulación interesada. No hay ninguna buena intención que pueda materializarse en el mundo real, porque todo lo que se realiza en éste es imperfecto. Luego, no es bueno, es otra cosa... es gris. La realidad material es a lo que debemos atenernos, no a una idea teórica donde podemos manipular las reglas a nuestro antojo. Las leyes físicas, los precedentes... es lo único a lo que debemos remitirnos. Lamentablemente,  todos hacen caso... omiso

El virtuosismo puede convertirse en una catástrofe de la noche a la mañana. El «espíritu comunitario» y el «espíritu individualista» no son enemigos el uno del otro, son consecuentes. Uno favorece a la comunidad porque es recíproco con sus intereses particulares. Como la gente entiende esta relación entre el yo y la comunidad —de la que forma parte— es lo que diferencia las políticas de actuación de cada uno; no obstante, al depender del contexto enteramente, nada garantiza que cuando todos dejen los rotuladores quietos, algo en ti no se transforme para tomarlos. 

¿Por qué no los tomarías para compartirlos con tu amigo? De cierta manera, no hacerlo es estúpido, cobarde y deshonroso. ¿Tienes más miedo de los dioses que de la pobreza? Primero va uno, después los de uno y luego el resto. Todos lo sabemos. Y si no lo haces tú, créeme, ¡otro lo hará! Mientras haya rotuladores, siempre habrá alguien más listo. Y sí, podéis cortar manos hasta que nadie pueda tocarlos, ¡quizá deberéis cortas pies y tapar bocas! No cambia que, aquel que corte manos se creerá Dios y hará de titiritero con todos vosotros. ¡Necios! ¡Hay que ser necios! 

Y en el documental que estoy viendo, hay una mujer que pasa su vida haciendo queso para evitar caer en el consumismo. Tarda mucho cada queso en ser hecho, sí, por lo tanto, se entretiene —vida es lo que pasa entre queso y queso...—. Una persona, a lo largo de su vida, aproximadamente de ochenta años, tiene tiempo a hacer muchos y muy buenos quesos, sí. ¡Pues yo no quiero estar sentado bordando y haciendo queso como mis antepasados! De todas formas, ¡habrá quien haga mejor eso [técnica] o tenga mejores cabras [medios]! Esta persona puede vender su queso, porque tiene un valor propio. ¿Por qué debería compartir la sabiduría de mi difunda abuela [técnica] y mis sanísimas cabras mestizas [medios]? ¿Quién va a obligarme a mí?   

*

¿Quién va a obligarnos a nada? Pero en medio de este caos, la población solo sabe victimizarse. ¡Yo sí quiero, pero ellos no! ¡No me lo permiten! ¡Me tienen atado de pies y manos! ¿Qué voces están escuchando? ¡Es su propia condena hablándoles desde los adentros! Aleksandra Kollontái¹, una de las tantas por las cuales durante toda mi vida ignoré la literatura femenina, realizó las siguientes críticas en su momento (para esto empleo el AI Overview, que no me interesa tanto): 

Crítica al feminismo burgués: 

  • Falta de unión de clases: Acusó a las sufragistas burguesas de ignorar el sufrimiento de las mujeres trabajadoras.
  • Falsas alianzas: Dijo que las mujeres ricas solo buscaban usar a las obreras para sus propios intereses políticos.
  • Lucha de clases: Defendió que la libertad de la mujer solo llega con el derrocamiento del capitalismo, no votando en un sistema injusto.

Crítica al matrimonio y a la familia: 

  • Esclavitud legal: Afirmó que el matrimonio tradicional convierte a la esposa en sirvienta y propiedad del marido.
  • Carga doméstica: Denunció que cocinar, limpiar y cuidar hijos sola impide a la mujer trabajar y ser libre.
  • Socialización del cuidado: Propuso que el Estado cree comedores, lavanderías y guarderías públicas para liberar a la mujer.

Crítica a las relaciones afectivas: 

  • Amor posesivo: Rechazó el amor basado en la dominación y la propiedad de la otra persona.
  • Amor-camaradería: Propuso relaciones libres y basadas en el respeto mutuo, donde el lazo con la sociedad sea más fuerte que la posesión individual.

Bueno, esto es algo con lo que quiero que os quedéis: jamás os toméis en serio a nadie que critique el concepto de «familia». Ni siquiera en el sentido de como los demás la viven —y hablo de la crítica de natalista a natalista, por supuesto—. No hay nada más libre que la familia, si una persona critica la familia, entonces sabes que no sabe ni por donde empezar. Criticar la familia no es criticar un sistema, es criticar lo que los demás hacen con su libre elección en el área más importante  e íntima de sus vidas. Y no lo digo por moralismo, quiero decir que es absurdo criticar la parte más primitiva del ser humano. Es como... criticar que un pez nade o que un ave vuele. Si tanto odias el mundo en crudo, ¡abandónalo! 

Puesto que no soy un entendido en literatura feminista —por obvias razones, estoy por encima de todo eso—, voy a seguir la entrada de roagva.cat

Roagva: Ella visibiliza que toda relación social —entre ellas, la familia— está sujeta a cambio. Antes vivían diferente a hoy, y mañana también será diferente. Las relaciones sociales nunca han permanecido leales a unas leyes inmutables, sino que han ido cambiando.

No creo que haya cambiado nada de lo más profundo de la vida del animal que somos en ningún momento, puesto que eso viola gravemente las leyes. Que la familia cambie como institución no implica que cambie la naturaleza biológica o psicológica básica del ser humano; dicho de otra forma, solo cambia la expresión de esta base inmutable. Con lo cual, uno puede predecir, en cada uno de los sistemas sociopolíticos admisibles, el resultado casi con exactitud. Y, por lo que sea, siempre tiende al mismo lugar...

Roagva: (Cita) Para darnos cuenta de su falsedad, no tenemos más que leer cómo vivían las gentes del pasado, e inmediatamente vemos cómo todo está sujeto a cambio y cómo no hay costumbres, ni organizaciones políticas, ni moral que permanezcan fijas e inviolables.

Pero a mi alrededor miro, y miro atrás también, y trato de mirar hacia delante, y hay cosas que jamás han cambiado: el favor general de las madres a los hijos, del más fuerte humillando al débil, del bebé llorando al nacer... muchísimas cosas cambian, pero existen regularidades fundamentales que permanecen. Esta es la clave de mi postura: yo no niego la historia, mas me veo, por lógica, forzado a negar que todo sea históricamente contingente. 

Roagva: (Cita) “En el tipo de familia a que estamos acostumbrados, es el marido el que gana el sustento, el que mantiene a la mujer y a los hijos. La mujer, por su parte, se ocupa de los quehaceres domésticos y de criar a los hijos como le parece.”, siendo la mujer la identidad rebajada a ser quien cuida de la casa y la familia.

El típico argumento de la fatalidad de cuidar de los hijos. ¡No reafirma más que la estupidez de la mujer! ¿Y cómo puede ser esto literatura feminista? ¿Qué tiene de malo el cuidado de los hijos? Y si tan malo es, ¿por qué no se zafan de ello? Y si no pueden zafarse, ¿por qué no se zafan de su vida, evitando la continuidad de sus males? Pero ya sabemos todos lo que es una mujer: una criatura con toda la potestad para hacer el bien, pero que rápido cede al averno entre sus piernas. No hay nada más horrendo que la naturaleza femenina en este mundo, es la causa primera de todas las enfermedades mentales. «¡Que lo hagan los demás! ¡Que lo haga un partido!». Todos sabemos cual es el origen del patriarcado, y no está ni en el feudalismo ni en lo que vino después, sino en el origen de la testosterona y de la competencia. Como ya se explicó reiteradas veces en obras del autor Marvin Harris de forma espléndida, el patriarcado fue el resultado de la guerra tan bien amada por natalistas. 

Roagva: El capitalismo ahora también obliga a la mujer a trabajar y, además, cuidar de la casa.

Estas son palabras de burgués, de persona que no tiene ni idea de lo que es el campo. Hoy estamos en el año 2026. Cualquiera que haya estado en el campo auténtico, arando las patatas, sabe que ninguna mujer jamás ha estado hidratándose los pies y tan solo cuidando de los hijos. La mujer no ha tenido jamás el gusto, el privilegio, de cuidar de los niños exclusivamente. Todos sabemos, y los antropólogos deberían saberlo mejor que nadie —pero es que ninguno de los mencionados lo es, tiene delito, son solo filósofos—, que la mujer siempre ha sido mula de carga en todas las civilizaciones y que solo las clases altas han gozado de la división de cargas. El capitalismo jamás ha forzado nada: es la decisión de las mujeres de querer ser atractivas para el hombre, para que alguien provea para sus hijos en sus momentos vulnerables. ¡Es decir! Es el natalismo lo que condena a la mujer a perseguir este rol de pavo real, y no el sistema económico. Puesto que en todos los sistemas la mujer persigue el favor del varón, sobre todo con la edad. «No busques a una mujer guapa, busca a una mujer que cocine bien», es sabiduría ancestral. 

Ahora bien, ¡en el capitalismo...! Es en el único sistema donde estos roles se han difuminado hasta el punto en que una mujer es indistinguible jurídicamente del hombre. Mas no en cualquier otro aspecto, ¡y tampoco ellas lo querrían! Se agarran a su naturaleza femenina, como a un clavo ardiendo. Y justamente, sí, justamente, puesto que la biología es absolutamente innegable, ventajosa hoy y traicionera mañana; pero ya tendrán tiempo de tergiversar cuando la ocasión lo merezca. El punto es que algunas mujeres siguen queriendo perseguir un ideal de mujer que las explota, pero que simultáneamente les permite explotar a los demás. Es decir, compites para obtener lo máximo posible, incluso si eso te agota en el proceso. «La mujer orgullosa», que digo yo, falsamente orgullosa, quiero decir: «la mujer vanidosa», que explota su tiempo, su imagen, su vida, sus órganos, con la esperanza de una buena camada. 

Roagva: El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y madre. 

Esta selección de palabras abrumaría a cualquiera. ¿Un sistema económico... ha cargado...? ¿Con sus propias manos? Un agudo filósofo dijo una vez: 

«¿Llaman a Dios malvado? Hasta donde yo sé fue Abraham el que se aprestó a matar a su propio hijo, a petición de Él, y no Dios mismo quien empuñó el arma.», visto anteriormente en ¿Qué es el Hombre?

Culpar a un ente abstracto de las elecciones individuales, es el primer error. Primero porque despoja de agencia a cada uno de los elementos —ríanse—, lo cual debería ser desmoralizador por sí mismo, pero es que además, los despoja, en su no-agencia, de toda presunta inteligencia, perdiéndose lo que está sucediendo en realidad y es que es su propio interés el que los pone en esa tesitura. ¡Sí, como lo oyen! Lo que vemos como patriarcado, no es nada más y nada menos, que la búsqueda de beneficio de la propia mujer, como vengo diciendo. Todos los sociólogos, biólogos y antropólogos sensatos, ya saben desde hace largo tiempo que hay una persecución totalmente consciente y consensuada de beneficio en todas estas elecciones aparentemente deprimentes. Y lo sabemos porque, precisamente, la mujer cría. ¡Cría! ¡Ella cría! ¡Ella modela el mundo! Y su obra es esta. Da mareo, da mareo... y este vértigo que sienten es producto de la altura de la necedad de la mujer, y solo queda más patente cuando acusa a una fuerza abstracta... oh, pero se equivoca apuntando a qué fuerza es origen del problema, realmente, no le sabe poner el nombre correcto o no se atreve. 

Con esto no quiero decir que sea una absoluta locura salirse por la tangente y explorar otras actuaciones. Es lo que nos ha permitido hacer nuestro actual sistema económico: hacer y deshacer con más libertad de la que jamás pudieron concebir nuestros predecesores. Y, como puede verse, ¡no resulta en nada bueno tampoco! Y pueden culpar a este o a ese que no cambia la realidad, no lo hace, no... porque la parte más atómica de la naturaleza permanece intacta... por mucho que la mona se vista de seda..., ¡por mucho...! 

Roagva: Esto genera que la familia sea cada vez menos necesaria tanto para el estado como para los miembros de la familia, pues es más fácil no hacer una familia para la mujer.

¡Pues sea! La familia no entiende de magnitud, eso también es cierto. Una familia puede ser una unidad extremadamente reducida sin sacrificar su significado. Esto es algo que muchos fallan en comprender... y también que la familia tiene su origen en el impulso genético de autopreservación. Hay muchas rutas para la autopreservación, ¡eso es cierto! Algunas más estables que otras, pero ninguna absolutamente virtuosa. Lo mejor para la pureza es siempre no preservarse. 

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